Pedales... esta vez Madrid.

May 19, 2015

 En uno de esos momentos que la vida te aprieta pero no te ahoga del todo, decidí coger a "María Helena", mi súper compi ( la bicicleta de ciclo-cross con la que entreno o tuneo y me voy de excursión.) Y escaparme, escaparme no significaba huir, era mas bien "ir a por" aunque aún no sabía lo que me esperaba. 

Cogí a "Maria helena" le planté un transportín, alforjas, una cestita de manillar con un par de geles, barritas, movil y dni, me fui emocionando y le sumé al transportin una tienda de campaña, y un saco de dormir, seguí emcionándome y le metí un par de libros, ropa para salir a a pasear, un par de zapatos, comida, un par de litros de agua y alguna bebida isotónica y de repente la rueda había reventado y la llanta tocaba el suelo...

Novato, la gente le quita peso a las bicis y yo le estaba añadiendo, pero ese peso simbolizaba mi independencia en ruta, simbolizaba mi libertad. Así que le cambié las cámaras por unas un poco más gruesas y aunque se había convertido en la bicicleta más pesada del mundo, yo era el hombre más ilusionado del mundo.

 

La salida sería desde Pozuelo, la casa de mi madre y el primer destino sería Segovia. 

 

No lo pensé, me daba igual cuando llegar quería disfrutar del camino, de mi ruido interior, de mi silencio.

No se trataba de cubrir una distancia en un tiempo determinado como si de un entrenamiento se tratara, sino de disfutar de un viaje en el que dependería  sólo y solamente de mí.

 

 

 

No había hecho nunca esa ruta, todo sería nuevo, no sabía ni siquiera si se podía hacer...

Así que pedales y dirección Casa de Campo, atravesé la Casa de Campo y mucha gente se me quedaba mirándo anonarada y escuché más de una vez el típico comentario " a dónde vas!? eso es mucho peso!?" yo sonreía porque acababa de empezar mi gran aventura.

 

Llegué al anillo verde y me dirigí hacia el Pardo, no soy capaz de describir lo feliz que iba, era Agosto, hacía calor, el sol pegaba fuerte, pero con calor se disfruta mejor de las bebidas frías.

LLegué al Pardo y me quedaba subir a Montecarmelo. Me puse a dar pedales como un loco, subí sin ningún problema, la bici no me pesaba , seguramente anestesiado por la euforia y la adrenalina de estar realizando esta aventura maravillosa. Ni siquiera sabía si me iba a volver en la próxima curva.

Llegué a Montecarmelo y sin parada ninguna enganché el carril bici dirección Soto del Real.

Alli me encontré con muchos ciclistas que entrenaban, yo sólo tenía ojos para los campos dejaba a mi izquierda y para la Pedriza que se situaba como horizonte, todo un deleite para la vista.

 

Así que a escasos kilómetros de la salida de Manzanares del Real, decidí hacer una parada para estirar un poco las patas y sacar esta foto de "María Helena" en ruta. Con tan mala suerte, que cuando retomamos, había pinchado de de nuevo la rueda trasera. Esa vez sería la última que pinchara en este viaje, por suerte.

Desmonté todo el "chiringo" cambié la rueda, volví a montar el chiringo y " pedales a la mar".

Aún segía con la sonrisa de oreja a oreja.

Me sentía feliz, dueño de mí, libre.

 

Salí del carril bici y me dirigí hacia Manzanares del Real, y desde allí me tocó subir Navacerrada hasta  Cercedilla. Seguramente si hubiera sabido de que se trataba a lo peor ni me lo habría planteado con la bici pesada como iba, pero la ignorancia me mantuvo feliz, me mantuvo ilusionado, me mantuvo eufórico, me mantuvo desinformado y eso fue lo que hizo que siguiera adelante.

 

Aquella "autopista hacia el cielo" era interminable, y no me encontré a Michael Landon haciéndo autostop, ni con él, ni con nadie más. 

Las piernas se tornaban cada vez más duras, sabía que si me daba un calambre, sería el fin de la aventura, así que no di la opción. Me paré en la mitad de la cuesta y estiré, saqué un par de fotos, me comí una barrita, me hidraté bien y continué... no tenía prisa... mi único plan era no tener plan, y el plan "B" era no tener plan "B", fluir, disfrutar, gozar, no obligarme a nada... yo quería escucharme, quería conocerme, quería regalarme este viaje conmigo, y quería regalarme todo tipo de paisajes, momentos y escuchas.

 

LLegando a Navacerrada me encontré con el desvío que indicaba Cercedilla, recuerdo aquella bajada con un subidón increible, me puse a cantar bien alto! quería que la gente de las casa por las que pasaba me escucharan al pasar! Era la primera tregua que me daba la ruta! la primera vez que avanzaba sin darle a los pedales, fué emocionante cuando llegué a la estación de tren de Cercedilla... Allí, habia un bar en el que el señor, me ofreció unos spaguettis a la boloñesa, porbablemente los spaguettis "más buenos del mundo" pues parece ser que llevaba una buena "pájara", aunque no era consciente....

 

Tras esa parada y reposición, me disponía a continuar el camino, dirección... la Fuenfría!

Sin saber de distancia ni de tiempos, sólo sabía que hacía una tarde maravillosa, y que  tenía todo lo que necesitaba conmigo, me puse en marcha... 

 

Sopresa!! calzada romana, cuesta arriba, imposible pedales...

pero que maravillosa sombra que daban los pinos! a pie se llega tambien a los sitios...

cogí a María Helena de la mano y nos pusimos a andar...

Esto duró un rato largo, subida y mas subida por calzada romana... y de repente... pista de tierra!!! pista de tierra a la vista!!!! empezaban de nuevo los pedales! 

 

El atardecer golpeaba con una fuerte luz naranja, maravillosa, mi abuela decía que esa luz naranja era una descarga de energía positiva muy grande, y vaya si lo era, y más desde allí arriba!

la Fuenfría además me regaló su microclima, hacía fresquito y se agradecía ... era la temperatura perfecta...

Una vez alcanzada la Fuenfría ya sólo quedaba dejarse rodar hasta La Granja.

El descenso era una gozada, casi 40 minutos bajando... como si le hubiera puesto un motor a la bici... todo era verde... sólo verde y al fondo se veía Segovia...

 

Llegué a La Granja, ya de noche y ví un bar abierto, me paré y me eché mi buena cerveza, mis croquetas y mi pincho de tortilla, seguramente el más "rico" ya que cuando uno va en modo "Pájara"  cualquier cosa que coma o beba es "lo mejor del mundo"

No tenía sensación de cansancio, iba con sensación de satisfacción, era un hombre feliz y satisfecho, cogí la bici y ya de noche llegué a un camping que estaba a 3 kilometros del acueducto, liberé a María Helena del peso y monté el tinglado.

 

A la mañana siguiente no me lo podía creer!!! 

Estaba en Segovia!!!

Con la bici ya ligerita me fui a desayunar al pueblo, recuerdo el escalofrío que me dio cuando me encontré de frente con el acueducto... me pareció increible haber llegado hasta allí, yo sólo con mi bici...

 Tenía las cosas en el camping, así que me dediqué a ver Segovia y a disfrutar esa ciudad tan rica en historia y arquitectura... 

 

 

 

aproveché para sacar un par de fotos.

Y paseé, sin estrés, sin prisas, sin "tengo que..."

 

 

(a la izqierda el acueducto)

 

                 

 

 (a la derecha María Helena                           mimetizada)

 

 

 

 

Por la tarde, me volví a equipar y me fui a disfrutar del tramo que hay entre Boca del Asno y Segovia...

Super recomendable, con caminos muy divertidos para la bici de montaña, puentes romanos, cascadas, ríos, hadas, duendes y demás seres místicos que te apetezca ver....

 

El sol estaba intenso, pero yo más... estaba encantado de conocerme

y me estaba disfrutando a tope, y además con la suerte que en el camping había una piscinita, que mejor manera de soltar "patas" que en el agua... aquello era todo un lujo... cualquier cosa que pudiera apetecer aparecía sin más... viví el momento como si lo hubiera elegido...

estaba en Segovia, paseando en bici por unos parajes de ensueño y no habia de que preocuparse.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Al día siguiente , me desperté con ganas de avanzar, de cambiar de sitio, sentí que era hora de continuar el camino, así que recogí el chiringuito vuelta hacia La Granja, de La Granja a Boca del Asno y de Boca del Asno subida al puerto de Navacerrada, si señor, subidita simpática con la bici a reventar de carga, pero como iba de paseo y sin prisas subimos sin problema alguno y con alguna parada que otra, para estirar las piernas que se volvían a poner duritas...

 

 

La llegada arriba fue increíble, había estado alguna vez que otra por ahí, en las pistas de esquís pero nunca imaginé que algun día llegaría en bici y con todo el equipo de campaña, el cual por cierto, estuvo bien llevarlo para aprender.

La próxima llevo un saco de dormir ultraligero, paso de llevarme 3 libros por si acaso, y si planifico el agua, tambien puedo ahorrar algun kilito que otro...

pero bueno, yo fui feliz llevando todo lo que llevaba, y ademas me sirvió para entrenar la fuerza... (el que no se consuela es porque no quiere.)

 

Una vez en las pistas de esquís, me senté en una terraza de los bares que hay allí arriba, y me comí "el mejor bocadillo de tortilla del mundo" y la mejor bebida refrescante del mundo, me supo como nunca antes...

Ya con algo en el cuerpo, vi un cartel que ponía, "Rascafría" y me acordé que me habían hablado muy bien de ese pueblito y las "piscinitas", cascadas, rutas de senderismos y un largo étc... y decidí echarme a rodar por Cotos dirección Rascafría.

 

 

Aquella bajada fue maravillosa, pasé largos momentos de soledad donde todo era verde , aquello era de una "verdura", color bosque encantado, olor a "pinomonte", y un silencio donde solo escuchaba el latido de mi corazon y mi silencio que a veces gritaba duro, sin duda un tramo precioso, y el color verde es el color del chakra del corazón, todo jugaba a favor.

 

 

Llegué hasta Rascafría y allí volví a parar para tomarme un café y comprar un poco de agua. sabía que si seguía recto, aparecían puertos de montaña como Morcuera, Canencia y un puente ferroviario al que llamaban "El Puente de los Ojos" y que cerca de aquel puente había otro camping...

Me pareció buena idea hacer noche por allí, descargar la bici,darme algunos paseos y disfrutar de aquel lado de la Sierra madrileña. 

Así hice, pedales y más pedales hasta que  vi el puente, inconfundilble, justo antes de llegar había un cartel que ponía "camping" y allí aterricé. 

Solté lastre, duchita, algo de comer en el bar...y Sorpresa!

Conciertazo de Rock!

 

 

Me vi allí sentado, tomándome una cerveza, recién duchado, viendo el atardecer mientras disfrutaba de un concierto de musica rock....

 

Resultó que un amigo," el gran Pepe Cano", suele entrenar por el carril bici, llega a Soto del Real y alarga hasta Miraflores. 

Yo estaba ya relativamente cerca, y decidimos quedar al día siguiente en Miraflores, en la plaza ,en un bar, sentarnos y desayunar juntos.

Èl salía de Fuencarral, tardaría una hora y poco (es que él es muy, muy máquina) y yo saldría mucho antes con la bici lastrada que tantos momentos felices me había regalado en este viaje al interior de la sierra y de uno mismo.

 Luego me acompañaría a entrar de nuevo en Madrid.

 

Así hice, al día siguiente me levanté temprano, recogí la tienda, monté la bicicleta y pedales.

 

 

Subí Canencia, debo decir que me impresionó lo bonito que es el puerto y el pueblo.

 

Allí hice una parada técnica, estirar patas de nuevo, algo de picar, y disfrutar de la mañana y su amanecer.

Hacía fresco, pero los pedales lo compensaban ..

 

Me dió tiempo de pararme y sentarme debajo de la sombra de un árbol precioso que había cerca de unos toros que pastaban. 

 

Me tomé mi tiempo , respiré el momento y me despedí de la Sierra , pues ya iba rumbo de nuevo a la ciudad, en menos de una hora estaría con Pepe, deasyunando y este viaje estaba terminando, o eso creía yo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Había sido una mezcla de viaje físico y místico, un viaje necesario, un capricho y un reto, fue un viaje al interior de mi mundo, me encontré en cada rincón que me rodeaba, me sentí libre, fui consciente de lo pequeño y a la vez de lo grande que somos.

 

De la cantidades de olores que hay y que damos por sentados, de los miles de verdes que existen, de la importancia de la luz fuera y dentro de las personas.

Fuí por un instante capaz de entender muchas cosas de las que sólo había oído hablar.

 

Fué un viaje que me cambió para siempre. un viaje improvisado, sin rumbo pero no perdido. Fuí donde me llevo el viento, la luna,el sol y el carril bici... claro, y las pistas de tierra, y las calzadas romanas, y el asfalto, y las ganas, y mis patas y étc...étc...

 

Ya desde Miraflores, Soto del Real, carril bici hasta  Fuencarral,  desde Fuencarral , Montecarmelo, el Pardo, el Pardo hasta la Casa de Campo, y allí de nuevo mucha gente que comentaban mi bici, lo que nadie sabía es de donde venía, seguramente yo ese día había hecho más kilometros que ellos en toda la semana, pero eso no era lo importante.

Lo importante había sido lo que acababa de vivir.

La sensación que tenía en ese momento.

Llegué a casa con otras perspectivas, ya la bici no era sinónimo de entrenar, sino de cómplice de buenos momentos... 

 

Viajes al interior a través de los pedales...

 

 

 

Cuando se vuela con las alas mojadas. se va más lento.

Pero te haces más fuerte...

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